Nuestras familias existen

agosto 23, 2018

Desde Aireana, grupo por los derechos de las lesbianas, creemos oportuno escribir sobre el artículo que Ilde Silvero publica en el diario ABC Color el 21 de agosto de 2018. El artículo en cuestión, “No con nuestros hijos”, trata del tema de la educación con un tono que pretende ser tolerante pero que esconde una gran perversión: critica la inclusión de la educación con perspectiva de género en las escuelas, afirmándose en la importancia de mantener una educación doctrinaria, ideologizada (término que él mismo utiliza para descalificar las propuestas igualitarias) que perpetúe la desigualdad y, por lo tanto, la violencia contra las mujeres y niñas, los abusos a niñas y niños, los embarazos forzados a niñas o la impunidad de los abusadores entre otras cosas.

Género es una categoría de análisis social que sirve para evidenciar los aspectos sociales de hombres y mujeres en un contexto determinado. En este sentido, vemos que el autor tiene mucha confusión entre género, orientación sexual, identidad de género, anatomía… pero, sobre todo, un gran desconocimiento sobre nuestras vidas.

En términos estrictamente biológicos y anatómicos no hay solo dos sexos: existen las personas intersexuales[1] y no son monstruos ni deformes. Saber que existen y no silenciar a estas personas evita mucha discriminación y violencia hacia ellas. Negar su existencia es fomentar la violencia.

Por otro lado, una educación con perspectiva de género es una educación que busca cambiar los roles tradicionales de hombres y mujeres, sacar a las mujeres de la sumisión tradicional y a los varones del rol de machos, lo que quiere decir, por ejemplo, enseñar a las niñas a que pueden ejercer cualquier tipo de profesión y estudiar lo que más les guste, y enseñar a los niños, por ejemplo, que cuidar también es de hombres, y que hay otras formas de relacionarse con las mujeres que no son los golpes. La perspectiva de género sirve para de desnaturalizar la violencia hacia las mujeres trabajándola desde su raíz.

Lesbianas, gays, personas trans, bisexuales (LGBTI) nacen en familias heterosexuales. Fomentar el respeto a la diversidad humana no es fomentar determinadas prácticas sexuales. No se aprende a ser gay lesbiana o trans, se es. Lxs hijxs LGTBI en familias tradicionales (obviamente no todas) son quienes reciben violencia en su casa por ser quienes son. En Aireana recibimos cientos de llamadas de chicas violentadas en sus casas por ser lesbianas, violentadas por sus familias porque no quieren que se hable de ese tema.  Hablar de la diversidad humana no es imponer ser de una manera o de otra, es conocer para respetar.

Además, y este es otro tema que existe, lesbianas, gays, personas trans y bisexuales tenemos hijos e hijas. Hay cientos de madres lesbianas en Paraguay: muchas tuvieron sus hijos en relaciones heterosexuales anteriores, otras se inseminaron, otras son tías y ocupan roles de madres porque sus hermanas migraron. Muchos hombres gays se ocupan a tiempo completo de hijos e hijas de sus familiares, construyen hogares de amor y solidaridad que no son reconocidos por el Estado. Muchas personas trans tienen hijos e hijas de sus relaciones, de sus familias. Nuestras familias existen, el Estado no las reconoce, y gente como este señor niega su existencia.

La orientación sexual no se aprende, uno no se vuelve gay por saber que existen los gays; una niña no se hace lesbiana por saber que las familias de lesbianas existen. No es así.  Pero sí, hay muchas niñas, niños y adolescentes LGTBI que sufren discriminación, acoso y violencia porque hay gente que cree que debe protegerse de la diversidad humana.

Eduquen a sus hijos, hijas e hijes como quieran, pero no pretendan que la igualdad sea entendida como una perversión. La perversión es el silencio que ustedes reclaman como gran protector. Ese mismo silencio que deja a los curas, tíos, padres y padrastros abusadores impunes y listos para perpetrar el mismo crimen en otra niña, u otro niño, que no aprendió a tener poder sobre su cuerpo porque le negaron la información.

 


[1]   En el Paraguay se denominaban “monflóritos” y también se usó erróneamente “hermafroditas”. Intersexual o intersex se refiere a “Todas aquellas situaciones en las que la anatomía sexual del individuo no se ajusta físicamente a los estándares culturalmente definidos para el cuerpo femenino o masculino.” Leer más 

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